22.11.17

Vacío fértil

Andar la nada. Reconocer el abismo. Asumir el vértigo.
Regresé pensando en el vacío fértil, ese del que hablo, el que toco en terapia acompañando a otros.
Desde fuera lo conozco más que desde dentro. Diría que es de color azul y al principio es poco amable. Diría que es hondo y te refresca de golpe. Que cuando he ido con otros hasta su orilla, ha llegado a salpicarme y he sentido su temperatura.
Cuando pienso en mi historia compartida con el vacío regreso a la mojonera de hace 9 años. Recuerdo el vacío palpitante en el cuerpo. Esa sensación de frío, de tener demasiado espacio dentro, de sentir cómo las propias palabras rebotan y se expanden en un espacio que parece no tener fin.
Mi encuentro entonces fue tajante: afilado y silencioso. Las palabras fueron guillotinas y mi piel el lugar en el que se deslizaron las orillas de la hoja en blanco. Así, sin trazo, se dijo lo que era necesario solamente. Mi espera entonces se alargó lo necesario para saber que yo era la última invitada en esa fiesta y que había ya que recoger las botellas y prender las luces.
Asumir el vacío es habitarlo. Eso aprendí entonces. Eso aprendí cuando pensé en la posibilidad latente de que ese lugar sería mi habitat natural por un tiempo. Fue ahí cuando nacieron nuevos caminos. Tuve que soltar toda opción para ver surgir el milagro.
Hoy, tras la meditación, me reconozco en el portal hacia ese mismo lugar. He escuchado anteriormente cómo rechina esta puerta, cómo se abre o se cierra. Mi voluntad tiene prisa. Quiere hacer fast forward a mi historia, poner en cuadro por cuadro los momentos bellos y alargarlos. Hoy la vida me llama a que sea diferente.
Le tengo miedo a las alturas. Le tengo miedo a aceptarme al centro de ese vacío. Soltarme de la orilla y confiar en el mar y en la corriente. Me gusta la compañía, pero este bosque y esta lámpara no aceptan invitados. No por ahora.
Hoy me doy cuenta que el abismo me llama a recorrerlo, así sin barandal, sin vela, sin otro brazo al alcance. Doy cada paso deseando que esta vez también exista suelo adelante. Aquí la brújula no funciona; los mapas no se alcanzan a ver con esta luz; los celulares no tienen señal. Detrás de la barandilla siento la presencia de muchos seres que me aman, algunos de ellos recién descubiertos. Los siento cerca en esta oscuridad. Escucho sus voces, guiándome con su calidez, con sus miradas confiadas. Veo en ellas que saben que llegaré del otro lado sonriente; que sabré en un momento que todo ha pasado.
Pero estoy ahora de este lado. Con mi lámpara-corazón deseando que este camino a oscuras sea solo un sueño. Y el abismo me responde: esta vez húndete en mí. Esta vez déjate caer así, sin certezas, sin voltear atrás. No me convertiré en sal, dice. No te convertirás en sal, pero sí podrías perderte de la sorpresa, me murmura una voz. Quiero apurar el paso hasta sus manos. Quiero apurar el tiempo y saber que todo estará bien, y respirar a salvo. Pero la vida. Pero la vida y sus planes y su paso y su tiempo. Quiero calcular el rumbo y se oscurece más. Quiero vislumbrar una sombra y el contraste se hace imperceptible.
Luego recuerdo que en esta nueva vida sobran los adjetivos. Que mi cuerpo está cansado de planear los pasos. Me llama el vacío. Y para habitar el vacío hay que recorrerlo paso a paso. Del otro lado te veo. Del otro lado veo que me esperas desde el futuro. Reconozco el espejismo y también el laberinto desdoblándose y pidiéndome paciencia. Respiro. Pido confianza. Pido que se vaya todo lo innecesario. Deseo no desear. Deseo no doler. Cierro los ojos y me veo temblar. Tengo todo el tiempo del mundo. Todo. Y en las manos una lámpara palpitante que respira. Aquí estoy asintiendo. Aquí estoy palabra pronunciada. Extensa deletreada en toda la extensión de mi silencio.

21.11.17

Desde el cielo

Vista desde arriba, la ciudad es una retícula de luces. Desde mi laberinto, a 10 mil metros de altura intento descifrar ese otro: mi espejo allá abajo. Pareciera que sólo habita electricidad en ese plano de circuitos que se conectan. Desde acá no se perciben parques ni personas caminando en las banquetas, ni sus pensamientos repetitivos; desde acá la ciudad es sólo brillo y oscuridad.
Pienso en mi libreta y en todos los planes que guarda. Bastaría que algo fallara en este equilibrio perfecto para que todo terminara. Agradezco que este azar que no busco comprender decida mantenerme viva, o eso que llamo estar viva.
Vista desde arriba, esta ciudad son también posibilidades; caminos posibles que se expanden hasta donde me alcanza la vista. Cuántas veces he visto este ángulo del mundo! Cuántas miradas diferentes me ha permitido la vida tener desde este mismo cuerpo!
He tomado una maleta en mi mano para subir a un avión de todas las formas posibles: enamorada, apurada, triste, emocionada, tranquila, asustada, agradecida, plena, curiosa, acelerada, harta, alegre... Ha sucedido todo. Antes y después de esta escena ha habido bosques y desiertos, literalmente. Ha habido carreteras hacia la compañía y hacia la soledad; hacia muchos grises contínuos e intermitentes. Mi curiosidad es un ser que alimento como si fuera el guardián de mi puerta, con la única llave. Aún así, también reconozco en mí esa mirada única que en esta época quiere comer todos los días caldo de pollo sin hartarse.
Y llega la noche desde la ventanilla de un avión que me muestra la ciudad, las ciudades, desde su inmenso brillo. Las ciudades-espejo que me cuentan sus historias, que me comparten sus íntimos detalles como si se tratara de una conversación de esas que suceden en los sueños. Respiro. Acá sigo, partícula de algo que viaja en un aparato que vuela.

19.11.17

¿a dónde van las palabras?

¿a dónde van las palabras que no se dicen? leí que tanto las palabras pronunciadas como los pensamientos se quedan flotando por el universo, creando realidades. si en estos días mis pensamientos andan por ahí flotando me gustaría alcanzarlos. tal vez para observarlos mejor. para darles la oportunidad de existir más tiempo; para volver a verlos sin sentir que se trata de historias remotas, que tal vez serían posible en un universo paralelo. pero esta historia no quiero que exista sólo en palabras. ¿qué pásaría si esta vez me salto el poema? ¿podrá materializarse de otra forma que no sean palabras? tengo muchas preguntas. y ninguna respuesta para esto (todavía).
el otro día dije por escrito que la poesía es mi idioma clave. recordé que es mi idioma clave; creado con fines de utilidad, continuado con todavía no sé que fines. tengo sueño. supongo que aquí es donde pongo final a esto y le pongo "publish".

14.11.17

Servilleta y una pluma




5.11.17

Come rain or come shine

Es curioso cómo la música puede crear túneles del tiempo. Hace casi 10 años que no escuchaba esta canción, que me encantaba. Ahora la encuentro y me viaja a ese tiempo, a la que era entonces.
Tiene mucho sentido topármela ahora, libre de todo significado de los años más recientes.
Escucharla y sólo dedicármela, tan cursimente pero verdaderamente. A la que fui, a la que estoy siendo. Después de todo aquí estoy y estaré conmigo, come rain or come shine.




4.11.17

Así

Qué pasaría si: 
-lograra verme justo al inicio de ciclo.
-me acompañara en los pensamientos sucesivos.
-optara por confiar y no dar ni un paso (dejar que las cosas sucedan, le llaman).
-optara por abrir los ojos con autocuriosidad científica.
-aceptara los resultados sean los que sean, desde el principio.

La paz-ciencia es un camino poco conocido para mí, que estoy acostumbrada a hacer. Peeeero esta vez me parece adecuado y congruente. En otras palabras: me da la gana poner mi mundo al revés. Así de (fácil). Coloque usted la palabra que más le acomode en esta frase.

Vivir es una especie de locura que la muerte comete


Vivir es una especie de locura que la muerte comete, dice Clarice. Yo, quien a mis 39 aprendo a cuidar por primera vez una gardenia, sólo puedo asentir; entre mis dedos está el libro que embona perfectamente con mi respiración esta noche. Hay páginas que son espejos, palabras reunidas que reflejan de forma más precisa que cualquier fotografía una expresión facial. Léase: mental, emocional, espiritual, corporal. Las letras como espejos es una de las tantas locuras que la muerte comete en esta vida. 
Si no tuviera entre mis ideas más visitadas una noción lineal de tiempo, aseguraría que recientemente volví a llegar a este mundo. La vida ya me dio todo lo posible a manos llenas en un sentido. Escucho la maquinaria de la vida girarme unos grados, ponerme como vaso volteado ante la novedad de lo desconocido. Me veo una vez más aprendiendo a dar pasos en días que requieren de mí una atención desde mi centro. La vida responde de inmediato y no acepta menos, ni un poco menos. La vida responde de inmediato y sigue dando a manos llenas en este nuevo ¿capítulo?. En éste no valen las explicaciones ni las ganas de ponerle orden a las ideas; soy un algo sucesivo dentro del instante es lo más cercano que tengo en palabras para englobar la aferrada e innecesaria idea de describir(me).
Los sentidos me volvieron al cuerpo. Nuevas sensaciones corporales me hacen sentir la novedad de mi movimiento, mientras hago como si fuera un día más, mientras saludo con un hola o digo o escribo buenas noches. Entiendo que esas frases que repetimos los humanos hasta el cansancio, sin sentir cansancio, son anclas de lenguaje que nos aterrizan a la vida, que nos llevan a sentir que una cosa sigue de la otra. Y está el sol y la luna con sus ciclos, dándonos algo qué contabilizar para que exista la noción de que "avanza el tiempo". Para reforzar, están los dobleces microscópicos que se van haciendo en el cuerpo, señales de la repetición de movimientos. Y las voces de otros que con sus historias nos jalan los sueños hacia el mismo plano. Supongo que todo eso tiene algún sentido de alguna forma.
Vivir es una especie de locura, sí. Cambiar de planes radicalmente también lo es. Si los deseos reflejan mi ser en este mundo, su transformación cambia mi eje de rotación, el ritmo de mi respiración, las acciones, palabras y pensamientos que me hace ser una campana vibrando y emitiendo sonido.
Y esta parte de la locura llega con nuevas obsesiones. Con tantas ganas de estrenarme en las primeras veces posibles que tenga a la mano. Así decidí aprender a cuidar una gardenia. Quiero tocarlo todo, probarlo todo, sentirlo todo, olerlo todo por primera vez. Quiero escribirlo todo. Esta vez ver(me) detenidamente ante las letras como lo haría mi sentido de la vista frente a un espejo. (Me) veo con los ojos cerrados, confiando.  Contra todo autopronóstico, aquí estoy escribiendo y respirando profundo, haciendo acuerdos internos que hagan detener un rato mis pensamientos; dejando de hacer para ser alcanzada por lo que llamo mi propio cuerpo, por lo que llamo mi voluntad, por lo que llamo mi voz.  
Que las letras sean parte de todas mis vidas pasadas y futuras. Eso y mi cuerpo vibrando. Que mientras la muerte apueste por la vida, aquí me encuentre loca loca por vivirlo todo.

30.10.17

L u z

Aprendiendo a sentir, podría titularse este día. Instantes hondos detienen el tiempo. Estoy ansiosa con todo y cuerpo. Soy una aprendiz en esta dimensión. Soy un fragmento sin edad pero inmenso, infinito. No sé lo que se siente ser luz, lo que se siente ser piel, lo que es estar en ambos mundos a la vez. Solo imagino. Mis caminos anteriores ya no resuelven nada en este nuevo lugar. Y al parecer aquí el verbo resolver no tiene sentido. Desde el principio todo está resuelto. Todo es. Yo soy también.
R e s p i r o .

29.10.17

Todo inicia y termina con una pregunta


Todo inicia y termina con una pregunta. Wong Kar Wai tiene varias para mí esta noche de letras y silencio. Me doy cuenta que he recuperado el gusto por las noches, tal vez porque es mi tiempo más claro para escribir. Que también mi vena cursi ha resucitado un poco (para bien, para mal o como característica). No sé si esperar a que el resto de mí resucite o mejor lo reinvento antes.
Esto de las nuevas vidas como que antes no se me daba. Ahora la curiosidad me mueve. Me llama dormir al igual que me llama la vida. Oscilo entre el sueño y una energía muy viva que me cansa el cuerpo y las emociones. Las palabras me resuenan como si tuvieran eco al ser nombradas o pensadas. Siento al instante los desequilibrios y me he dado cuenta que descompongo aparatos eléctricos cuando tomo malas decisiones (llamémoslas decisiones tipo Juego de la Oca, para no calificarlas). Me gusta más caminar y he recordado que me encanta encontrar personas con quienes conversar. Me encanta preguntar y contestar (tanto, que hace años pensé que esa sería mi profesión; tanto, que hace 10 años elegí otra profesión relacionada con preguntar.) Amo conversar y encontrar con quien hacerlo. Soy conversadora profesional, no lo tenía en cuenta, o la prisa fue ocupando el lugar de las palabras. Eso.
Cuando me estanco, los brazos se me entumen. Mi cuerpo me habla y en estos días estoy recordando responderle como lo haría con mi mejor amiga. Procuro acompañarme de música y redescubro canciones y géneros que me conectan. Curiosamente ahora no me interesa mucho el cine y sus historias, pero varias escenas de Wong Kar Wai me rondan obsesivamente. Se mezclan con Simic y sus poemas que llevo en mi mochila y me automedico, que releo bajito cada que me atropello por costumbre. Y las palabras escritas esas están siempre. Están las coincidencias y el flujo que me lleva a salvo, tan agua; que me regresa a mi lugar de origen, tan tierra.
Todo este debraye, para contestar la pregunta que no me he formulado tras recordar Chungking Express. Tal vez la respuesta esté en alguna escena de lluvia de In the mood for love. O en sus personajes que fuman de forma tan bella y en sus silencios.
Todo esto como parte de una pregunta loca que tal vez no sea dicha. Como sea, será perfecto; ya es perfecto. Agradezco especialmente cada coincidencia. En verdad cada presencia es valiosa, cada día. Desde hace tiempo este viaje es sagrado.
No tengo mi pregunta, pero sí la tuya: ¿también te llama el precipicio?

28.10.17

Café a las ocho de la noche

De escribir. De iniciar el año. De tomar la mochila e iniciar este camino. De respirar bosque lluvioso. De crearlo con letras pero también de viajarlo con el cuerpo. De ver que sale el sol sin haber dormido. De que la novedad se convierta en plática y en presencia. De convertir esa canción en realidad. Esa emoción en realidad. De tener mi trinchera de libros. De tener mi trinchera de tiempo para leer esos libros. Detener mi trinchera de tiempo para leerme y leer a las personas. De ser mi canción desde principio al fin. De que llueva y huela a tierra mojada. De materializar aquel cuarto blanco con vista a un lago, el que me salvó en el otro naufragio. De encontrar las frases enredadas en mi garganta. De saber que todavía es tiempo.
Me encontré hoy en el elevador con una que soy yo. Quise decirle más cosas, pero sólo sentí su alegría inmensa y vi su vestido. Le pregunté si iba a una fiesta. Le pregunté eso por sacarle plática, porque sabía exactamente a dónde iba. Sonrió y me dijo que sí. Te ves muy bonita, le dije. Sólo sonrió. Sé bien cómo se siente esa sonrisa, esa prisa por que se abra la puerta. Respiré profundo. No siempre sucede que las líneas se cruzan. Sólo a veces se abren paréntesis en el tiempo.
Desde ese momento cierro los ojos y vuelvo a ver la lluvia. Y huele a bosque y a tierra mojada. Y el verde no termina alrededor. Pensar que siguen existiendo bosques en el mundo y que no estoy en ellos ahora mismo. Pero de alguna forma ese paréntesis también es puente y pasadizo. Y cierro los ojos y sí. Dice google que parpadeamos de 15 a 20 veces por minuto.

27.10.17

pure love

agradecida y de colores. mi corazón está de fiesta en cada sesión de terapia. algo hice muy bien en esta o en otras vidas para ser testigo de la magia. cada vez me nacen nuevos ojos y se me refrescan, se me aclaran. respiro hondo y me queda la sonrisilla.

23.10.17

La llamada

Como la llamada: por caminos desconocidos con algo como una lámpara en la mano; el cabello conectado a las estrellas. Descubro a veces algo y a veces nada en cada paso. Olvido una parte por costumbre, para tener que inventar nuevas historias. La otra mitad de las cosas seguro la reconocerán estas pisadas que saben más de caminos que lo que soy capaz de sostener entre los brazos. 
Confiar es mi lámpara esta noche.

5.10.17

en tiempo real

no sé por dónde empezar.  ahora sí que la vida me llevó al borde y me dejó sin equipo justo en el punto donde tenía preparados varios hacks, pero en la mochila. es como cuando estudiaste para un examen y te sientes preparado, pero llegas y justo las preguntas son relacionadas con el punto ciego, con la hoja que no repasaste. como cuando la cabeza se queda en blanco ante las preguntas, como cuando la lámpara se queda sin pila en la noche de búsqueda de tesoro en el campamento.
en blanco. o en negro. en un solo color.
intuición, improvisación, instinto, entraña, garra. todo eso, sin previo ensayo, sin toma dos ni toma tres. la vida está sucediendo en tiempo real. yo, improvisación en toda la extensión de la palabra. la intuición toma las llaves de este carro, por primera vez desde hace vidas.

25.9.17

Birth-day

Amor bonito, para empezar. Y para continuar, me da algunas pistas esta frase tomada del muro de mi querida Claudia Hernández de Valle Arizpe:

Si cerca de la biblioteca tienes un jardín, ya no te faltará nada.
-Cicerón

Mundo en reconstrucción. Este birth-day lo es en el sentido más literal. Así como nacemos cada instante. Sólo que ahora la claridad. Eso, mi biblioteca, mi jardín y mis buenos amores, empezando por el mío. Respiración profunda. Nada real puede ser amenazado. Es tan cierto.

Así sea. Aquí vamos. Con todo mi ser, cada paso.

4.9.17

Rebirth

La vida me llama a renacer. Conozco ese sonido y lo escucho desde lejos como un tambor, como un corazón incesante. Lo escucho y respiro. Viene por mí. Por esta que ahora soy.
Es hora de despertar. No hay nada qué elegir. Quien soy es solamente quien puede irse. Los accesorios no renacen, recuerdo mientras busco qué guardar. Mi ejercicio es soltar. Como cuando llevo el carro al lavado automático: en neutral para que se ancle al riel, y esperar, dejarse llevar.
Estoy cansada y ansiosa. Curiosamente me siento como cuando iban a nacer mis hijos, así pero de adentro. Estoy lista.

21.8.17

palabra

palabra es profecía hoy más que siempre. agradezco la claridad posible aun en medio de la noche profunda. veo mi ser dividido, pero lo veo desde un tercer plano por momentos: lucecitas que atisban el camino y me permiten imaginarlo.
soy también este eclipse de hoy y el de hace unos días. mi sombra se revela en el cielo.
la veo sin lentes ni filtros, sin cubrirme. en alguna parte de mí sé que es tiempo de fluir.
dolorosamente fluir y gozosamente fluir.
aprender a conocer/ disfrutar la plenitud. aprender a dar el paso y saber que aparece el escalón.
petición escuchada.
quisiera ser amiga del miedo. pero le temo todavía.
quitarme capas me cuesta. sentirlo me cuesta.
soy una cebolla cada vez más pequeña, que se siente en peligro de extinción.
que a donde me dirija sea a la luz.

6.8.17

Instrucciones para habitar A

Habitar el principio es necesario. Reiniciar en un punto del camino. La pausa. El respiro. El silencio que separa los sonidos para que existan. Recuerde.
Todo mundo necesita un hábitat de emergencia. Una ciudad de paso donde descansar la maraña y el olvido. Un sitio donde ser otro. Ser otra vez. Volver a sonar como ánfora nueva. Eco del primer sonido.
Indispensable llegar con ojos claros. Deshabitado. Caer poco a poco en lo desconocido, acotar el terreno como si se fuera a dejar el secreto enseguida. Ser lo que es. Saber que no podría ser de otra manera.
Venga a esta ciudad sin saber cómo. Sólo ha sabido de pasos. De uno tras otro. De elegir cada vez si derecha o izquierda, si arriba o abajo. Venga para estar aquí hoy. Para escribir que vino a esta ciudad sin saber cómo. Y seguir sin saber.
Llegue al principio. En la orilla imagine el resto. Sepa que hay otra parte desconocida, pero no le tema. Prepare la estrategia detallada, trace mapas aún sin la certeza del perímetro.
Para habitar A, construya el aire con fragmentos, amárrelos con lazos de lo intangible. Dibuje la utopía detallada y hágala materia. Levante el eje de una casa. Corte madera a la medida, péguela a su estructura. Clave cada extremo a la otra pieza. Hágala sostenerse por sí sola.
Venga a escribir este paisaje. A la ciudad sin nombre a ensayar imposibles existencias. A conocer letras en palimpsesto y descifrarlas para esta historia. Venga a conocerla, desconocido eterno, a acortar distancias como si fuera posible, a explorar la ciudad interior para saber si de verdad es suya.
Abra la puerta y habite la única casa. Fuera de estas paredes sepa lo desconocido. Vea hacia adentro en cada espacio. El abismo. Escriba como si fuera a inventarse en cada letra. Descífrese en cada trazo. Conozca cada rincón de A para saber su procedencia.
Llegue como el primer día. A nombrar el entorno y darle vida. Venga ya deshabitado de sí mismo. A habitar lo que sea que se encuentre.
Imagine que llega desde lejos. Que encuentra el lugar que alguien ha construído, ciudad extranjera en el paisaje. Que lo toma como suyo. Que hoy habita la palabra y que es su primer significado.
Recorra con cuidado cada surco. Haga de su espacio su entorno cotidiano. Adapte sus recuerdos a este sitio. Múdese por completo hoy a esta estancia.
Pero sobre todo, recuerde: habitar el principio es necesario.


[Poema del libro Ciudad A (Tierra Adentro, 2012), de Paty Blake]


5.8.17

Ciudad A

Amnesia viajaba en el viento
en la ciudad A (abierta redonda respirable).
Cubrebocas / encierro al alto vacío: las opciones
o aprender a vivir adentro / amurallado.

Los habitantes de A empezaron a pensar poco
a olvidar que olvidaban por costumbre
a dejar de hablar las cosas por su nombre.

Cuando Amnesia desapareció del viento
ya era tarde:
la población respiraba superficialmente.

[Poema del libro Ciudad A (Tierra Adentro, 2012), de Paty Blake]

4.8.17

Casa Jardín

Casa Jardín, es un lugar mágico.
Un jardín con historia(s), con árboles grandotes y antiguos. Con aire fresco y paz. Un lugar que hemos imaginado para el bienestar de quien se acerque.
Así lo ha sido en muchos sentidos. Estamos muy contentas de recibirlos. Un lugar para ir hacia adentro, para estar consigo mismo en compañía. Para ponerle atención al presente.
En el centro de Tijuana. Terapias, talleres, charlas.

https://www.facebook.com/casajardintj

El sitio

Para sitiar una ciudad hay que herirla
como si fuera uno mismo
hay que arrebatarle el aire
despacio ventanal abierto
a pie de cortina dibujar los muros.

No mi historia, punto intermitente
importa el oficio
el trazador de ventanas errante
acecho que permanece.

Perímetro adelante no sabemos
si es una cáscara o un eco crece
si el botín es solo un no-lugar
una flecha y población flotante.

Cruz en el papel / línea indivisible
dedo viajero en el mapa.

Con cada partida se muda el sitio
la ciudad camina ya hacia adentro.

[Poema del libro Ciudad A (Tierra Adentro, 2012), de Paty Blake]

Tragicomedia con cuaderno hermoso

Cuaderno hermoso número 75 mil 861 a la vista en la tienda.
Lo necesito. Necesito sus páginas kraft y todo lo que imagino
que ya escribí en ellas. Necesito su portada gruesa, sus líneas
doradas, sus palabras acomodadas a lo largo de mucho tiempo,
elegidas cuidadosamente, redondas, abiertas, en pluma azul.
Urgencia de cuaderno podría llamarse este día.
No. Urgencia sí. Pero de letras y palabras.

(No compres el cuaderno. Finalmente sería -una vez más-
un bypass muy chafa. Quieres sólo escribir. Donde sea, como
sea. No compras cuadernos, compras ideas, futuros que te
dicen que ya escribiste algo, mucho, todo.
No caigas).

Corte a:
Se cobra también éste, por favor.

Corte a:
Sonrisa con cuaderno hermoso y noche de escritura.

I´m in love. <3 br="">

1.8.17

Apuntes autobiográficos (2007)


En el 2007, a solicitud de Rafael Rodríguez, quien entonces iniciaba su editorial Artificios, escribí un texto en el que la idea era que hiciera una aproximación a por qué escribo y cómo ha sido este proceso. El texto se publicó en un libro junto a los textos de Elba Cortez y de Elizabeth Cazessús. No recuerdo el nombre del libro, pero sí la experiencia de hacer un recuento. En ese tiempo estaba cerrando un ciclo de 6 años como reportera y mi paso fugaz como editora de Cultura por unos meses que se volvieron casi dos años. Desde ahí hilé momentos importantes en mi proceso de escritura hasta entonces.
De entonces a la fecha mucho ha sucedido. Diez años y tantas vivencias que podrían continuar el relato.
Por ahora, va el texto que titulé "Desde aquí".
Diez años después el azar sigue siendo un animal agazapado.




Desde aquí
Por Paty Blake

Por la metáfora reconciliar
gente y piedras.
Componer. (No ideas:
cosas) Inventa!
Saxífraga es mi flor y abre
rocas.
“A manera de canción”, William Carlos Williams

I
            No puedo bajarme de la cama. Abajo hay una víbora venenosa. No sé cómo pero lo sé. Hace ya unos cinco minutos que estoy despierta.  Despierta e inmóvil a las diez de la mañana. Respiro con dificultad y trato de gritarle a mi mamá. Pero no me sale la voz. Quiero gritar y que se escuche hasta la cocina. Que venga por mí.  Que venga pero con cuidado porque bajo mi cama está la serpiente, la que me persiguió toda la noche por terrenos baldíos y calles.  Con cuidado, porque si alguien se mueve bruscamente se puede asustar e inyectar su mortal veneno. 
En la película del otro día el vaquero se alejó sigilosamente del demonio hecho animal que amenazaba a la heroína. Sí, eso debe funcionar.
—No te muevas, princesa— dijo con sílabas entrecortadas.
            —¡Ahh!
La muchacha gritona de la película no vivió para seguirlo gritando; murió instantáneamente.  Sin esos gritos se hubiera salvado, como el vaquero.  Por eso pienso que es mejor no moverme.  Y aunque quisiera, no puedo. Lo que sea, está bien, así no asusto al animal.
—¡Mamá! Vino Doña Rafa a dejarte las llaves del taller, están en la barrita.
—Si, ya las ví.  Ahorita vengo, voy a la tienda.  Y ya despierta a tu hermana porque vamos a ir al sobreruedas cuando regrese.
Oigo que me llaman y no puedo moverme. Sólo quiero que se escurra la víbora, que corra como en la noche, rápido, como mi hermana en bicicleta.

II
            En ese tiempo, las palabras me encontraron. Semidormida, literalmente. La voz de mi papá llegaba de pronto a leerme lo que para él eran líneas perfectas. En ese tiempo la literatura no existía: realidad y fantasía eran eslabones que permitían imaginar el mundo. Leer era escuchar, detener con la maraña del sueño las palabras entre las 10 de la noche y el amanecer, que llegaba ajetreado para ponerme el uniforme e ir a la escuela. 
            Leer era antes de dormir, era la puerta a otros lugares. Escuchaba su voz y el sonido de las páginas cada vez más delgado, mientras mis ojos se cerraban entre un olor a sábanas limpias y a luz apagada. La voz ronca y pausada de mi papá se alejaba en un blanco parpadeo, eran las orillas de un mundo al que accesaba de noche, lleno de lazos invisibles que salían de las páginas y se unían con mi cabello.           Después supe que ese libro era “Pedro Páramo” y supe quién era Juan Rulfo. Así conocí lo que podía suceder en el cuerpo al describir el sol, los lugares que surgían construidos con sonidos de garganta adormilada. Las imágenes eran gotas que se filtraban hacia los lugares a los que uno va cuando duerme.
—“...Ibas teñida de rojo con el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado del cielo...¿Te das cuenta?. ¡Qué imagen más bella!”— decía mi papá con esa voz con la que se dicen las verdades y que se fue quedando cada noche en granos entre las pestañas de mi sueño.
—“Pero, ¿cómo es un crepúsculo ensangrentado?”— siempre había algo más qué preguntar, algo más qué descubrir.
—“Así: como lo imaginas”, y sus facciones se contraían dejando Comala en las orillas de mi cama, en el mismo lugar en que vi rostros que jamás he vuelto a ver.

III
            El camino a Las Palmitas es divertido.  Me gusta cómo se ve la tierra, toda agrietada cuando se secan los charcos.  Se hacen como pequeñas cazuelitas de tierra, curveadas como si alguien las hubiera moldeado.  Mis pasos o las agrietan más o se hunden en el lodo que hay debajo; nunca se sabe hasta que se pisa.  El otro día oí que mi papá andaba organizando a los vecinos para que pavimentaran la calle.  Yo la prefiero así.  Creo que Don Miguel y su vecino también la prefieren así, porque no quieren cooperar.  Tal vez también les gustan los charcos.
La chinita que atiende Las palmitas es muy amable y risueña.  No sé como se llama, pero mi papá y yo le decimos “La Chinita”.  A los dos nos cae bien.  Cuando vengo a comprar leche o sodas o pan me gusta oirla hablar, porque no le entiendo.

IV
            Salir en las mañanas, abrir la reja rugosa que se atoraba; salir e imaginar otra vez el mundo. Aprender que en época de lluvia la humedad hace rechinar las bisagras y que, después de unos días, la tierra de la calle absorbe el agua dejando cazuelitas agrietadas a mi paso rumbo a la tienda de la esquina.
            Cumplir siete años. Abrír uno de los regalos: un cuaderno diferente, de cabos sueltos. Ahora las palabras tiran de ese lazo que une las orillas de las cosas.

Dibujo 
una niña
con mirada de 300 años
pide que amanezca

el sol y su historia
son una página
inconclusa

: ella juega a escribirla
 
V
            Cruzar la calle es sencillo cuando se tienen doce años. Dar pasos entre la gente que camina y escuchar sus voces diversas que se unen en lo cotidiano de un día de escuela. ¿Qué diría esa señora de cabello corto y manos delgadas si le pidiera que me cuente una historia? ¿Cuántas paradas de autobús recorrería encontrando puertas, jalando hilos de esta red sin bordes?.
            Entonces tenía un diario. Un Querido Diario, como “Betty”, la de Archie. Yo no era güera ni tenía un novio pelirrojo, pero sí un diario en el que no escribía diario, pero que para entonces ya se había convertido en mi compañía. Vida y palabras eran lo mismo, bastaban unos trazos y se abría la puerta.

VI
            Las palabras siguieron representando mi vida cotidiana, por medio de los cuentos que escribía, hasta que las conocí liberadas en la poesía. Cada semana el poeta Gilberto Zúñiga nos recibía en su estudio a un grupo de jóvenes que estábamos descubriendo la magia del lenguaje. Ahí conocí a Fernando Pessoa, Luis Cernuda, T.S. Elliot y William Carlos Williams, quienes me abrieron la puerta hacia ese mundo.
            Pero ¿qué podía decir yo? El ejercicio de escribir me lo contestaba cada vez. Siempre había algo que surgía en el momento mismo de la escritura. Las ideas se acomodaban, tomaban sus propios rumbos, mientras avanzaba la pluma. Escribir fue, cada vez más, conocer, experimentar, revelar. Como en un juego de muñecas rusas, abrir un mundo para entrar en otro que contiene otros.
            En ese tiempo los miembros del entonces Taller de Poesía de la Universidad Autónoma de Baja California organizábamos lecturas constantemente. Mostrar ante otros lo que escribíamos era también parte del proceso de asumir la propia voz. Reconocerse y reconocer a otros tenía algo de sorprendente.
            Durante un tiempo fui la única mujer dentro del grupo y eso no hacía ninguna diferencia. Nuestra búsqueda era del lenguaje hacia adentro. Entré por la poesía hacia el fondo, y afuera se iban quedando los géneros. Tanto los masculino y femenino, como los literarios. Desde ese lugar, las palabras tomaban vida y ya no eran la descripción literal de este mundo o de lo que yo imaginaba, sino una combinación a veces incomprensible, pero verdadera. Ingredientes a veces predeterminados reaccionan de forma sorprendente cuando la página se convierte en un laboratorio de magia.

VII
            La poesía me llevó también al periodismo, ese campo minado del lenguaje. Supe de la astucia que se requiere para atravesarlo, de la infinidad de historias de exploradores caídos en el intento. Del desierto árido y de los espejismos que podían perder al más lúcido. Vi ese lugar como una nueva puerta hacia otro rumbo de las palabras, un lado oscuro de la personalidad de esas que para entonces ya había asumido como mis herramientas. Había que entrar con cuidado: “La palabra no se pone al servicio de nada, y en el periodismo lo que importan son las interpretaciones de lo que se creen que son los hechos”. ¿Era tan malo ese desierto que me llamaba? No podía saberlo con certeza después de tantas advertencias. Sólo había una forma de saberlo y yo iba a probarla.

VIII
“El árbol” llegó de pronto. Ya existía, pero yo no lo había visto. Lo encontré de pronto entre mis cuadernos. Gilberto Licona, de la Editorial Existir, me insistía que ya era momento de publicar. Al organizar los textos, fue evidente para mí que el poema “El árbol” representaba mucho de lo que quería decir; que “Un hombre fuma su cansancio”, representaba cómo lo quería decir; y que “Sesuda conclusión”, representaba la parte que en mí siempre se divierte.
El proceso fue enriquecedor y emocionante. Revisar, ir a la imprenta, ver el futuro libro en resmas de hojas, compaginar y engrapar. Repartirlo y dejarlo ser. Acercarme por primera vez a gente desconocida que habían transitado ese pasadizo que yo había lanzado abierto. Conocer a otras personas que también se aventuraban a realizar el ejercicio de fe que es la escritura. Otra vez estaban ahí los lazos visibles e invisibles. El libro llegaba a donde yo no y entonces supe que eso que había escrito ya pertenecía a otros.
            Junto con la publicación vinieron innumerables lecturas públicas: más de 20 en unos meses. Reconocerme a mí misma ante otros no era fácil; ni entonces ni ahora. Luego vi lo que eso podía lograr: Basta que alguien se abra para que alrededor sucedan las más tenues transformaciones, esas que suceden adentro de las cosas.

Un hombre fuma su cansancio

Un hombre fuma su cansancio
bien entrada la noche
lejos de la calle, de sí mismo

una barra sostiene la cerveza
su recuerdo
el tedio
amarrado en los ojos
fuma
se arrepiente
de su almohada fría
de las arrugas en sus manos
y del silencio
denso humo

se rasca la cabeza
un trago y sonríe
con la sonrisa grande
de los que beben
la hora feliz
hasta el fondo de los vasos

fuma su cansancio
se consumen sus ganas

sus brazos

lejos

el choque de los vasos
la cita
el sombrero

algo se despega del cuerpo

para esas cenizas no hay cenicero

IX
            Cuando pensaba que la locura estaba en otra parte, conocí el periodismo desde dentro. Aunque ya algunos acercamientos había tenido como colaboradora, no había vivido ese mundo exótico que me sigue sorprendiendo. Mis mayores miedos personificados en procesos de trabajo, en ángulos “noticiosos”, en conseguir información de hoy para ayer.         Todo era nuevo, desde las ruedas de prensa hasta las famosas entrevistas “de banqueta”. Tenía a mi favor que me gustaba escribir y redactar; en mi contra, que nunca había escrito más de mil palabras en un días, sobre cuatro diferentes temas, aunque ahora lo haría diariamente. Conseguir la declaración de un funcionario sobre huelgas de maestros o epidemias de varicela en las guarderías sería cosa de todos los días.
            Cubría temas de educación, salud, temas comunitarios y un día a semana la famosa “guardia”, que es un tiempo extra de trabajo en el que de las 5 de la tarde hasta el cierre de edición, un reportero se encarga de hacer la cobertura de lo que salga. Podría sonar como algo sencillo, pero en Tijuana cubrir “lo que salga” puede ser desde hacer la nota de un secuestro, un “encobijado”, o una balacera. Si bien te va, te tocan accidentes automovilísticos de esos que meten en páginas interiores. Para mi suerte, como era la nueva reportera mi guardia era los sábados. Hablar cada hora a la policía, estar al pendiente de los radios y contactarme con el fotógrafo. Lo más que sucedió fue la cobertura del descubrimiento de un narcotúnel. Aparte de eso, sólo horas de mi vida en la redacción de un periódico, tecleando cada vez más notas, paradójicamente escribiendo cada vez más en mi blog y en mis cuadernos, y preguntándome cómo es que había llegado ahí.
            Después de eso ya no he podido leer un periódico de la misma forma. Lo que hay detrás transforma para mí el significado de esos pedazos de sucesos plasmados en varias planas. A simple vista uno no imagina los milagros que suceden para que el reportero haya conseguido esa declaración o haya investigado ese tema en pocas horas (el azar y el orden cósmico al servicio de una “Nota 1” o, con suerte, de una nota de portada).
            Cuando tenía exactamente 15 días de ser oficialmente reportera, al fotógrafo Sergio Ortiz y a mi, nos mandaron a hacer una nota sobre la vida en Las Memorias, una casa de descanso para personas con VIH, en La Morita. Llegamos, y en la entrada sobre un sillón estaba acostado un hombre delgadísimo, con la piel casi pegada a los huesos y conectado a sueros desde los brazos y la nariz. Se movía trabajosamente, pero entre algunos internos que lo rodeaban y platicaban con él, pude ver que de pronto sonreía. Después de platicar con el director y otras personas que quisieron dar su testimonio, pedí permiso para hablar con ese hombre de la entrada. Me dijeron que sólo era posible si él aceptaba. Minutos después ya estaba sentada frente a su cuerpo recostado, sorprendida, muda, sin saber qué decirle. Entre pausas y tosidas, con voz débil me contó que su familia le dijo que no lo querían volver a ver, cuando se enteraron que estaba enfermo. Ese hombre que estaba ahí, con una forma humana difícil de reconocer, se llamaba José Inés. Dijo que si pudiera ir a algún lugar, le gustaría ir al mar. De pronto sentí que recuperó unos minutos de vida cuando dijo que si pudiera pararse y estuviera fuerte, cocinaría una gran olla con mole para todos sus amigos, los internos.  Esa escena estaba fuera de mis parámetros, no sabía dónde ponerla. Sergio y yo salimos mudos. La nota se publicó y hubo controversia por ella. Yo supe que estaba en el lugar correcto, que de alguna forma eso era lo que correspondía aprender. Aquel día, llegando al periódico, aún antes de escribir la nota, escribí unas líneas. Sin saberlo, también había ido a “reportear” para hacer un poema.

Cuántos árboles
para José Inés

¿Cuántos árboles
habremos
enredados
en cuerpos
palabras
dardos viento?
¿cuántos
moriremos
mañana,
cuántos
sin darnos cuenta
cargamos
un pedazo
que avanza muerto
sobre nuestras raíces?

X
Siempre había algo que aprender. Siempre lo hay.


XI
En Tezoatlán de Segura y Luna, Oaxaca, conocí que la poesía trasciende el lenguaje. Un grupo de poetas fuimos a compartir lo que hacemos y salimos desbordadas de imágenes vivas y regalos. Ahí supe que la poesía también está en las intenciones, en las voces y los actos; que también a veces la poesía toma a las personas y a sus vidas.
Leimos en plazas, en escuelas, en las casas, en cerros y patios. Siempre había un pretexto para seguir. Una tarde me dijeron que al día siguiente iríamos cinco poetas a compartir la mañana con los niños de un kinder. Busqué y no tenía ningún poema que pudiera hacer contacto con ellos. Esa noche escribí este, que años después estaría en las páginas de “Amanecer de viaje”:

Naranjada
Para los niños de Tezoatlán de Segura y Luna,Oaxaca

Tras la montaña
de tu hoja en blanco
veo un sol de gajos naranja
que se exprime con tu risa.

El camino a Tezoatlán
de Segura y Luna se ondula
como si entrara en un durazno tierno.

Hay un niño de colores
como tú
¿de qué color eres?
¿de qué color quieres ser?

Yo quiero verte
blanco como lana de borrego
rojo como granada en pedacitos
azul blanco cielo como las nubes saltarinas
café como tus huaraches
como quieras
pero contento

verás que pronto
con el sol
haremos un gran jugo de naranja.


XII
            Entrevistar a personas que disfrutan de lo que hacen es una de las mejores cosas del periodismo. Sea un artista plástico, un actor de teatro, un escritor, un funcionario público o alguien que se atravesó en la calle, inviariablemente dejan en mí muchas más ganas de seguir. Aprendí que el éxito no tiene nada que ver con ser famoso o reconocido. Personas exitosas he encontrado en los lugares menos pensados: trabajando en una bolería, bailando magistralmente en un escenario, haciendo fila para comprar un Seguro Popular, preparando su exposición de pintura, dando clases en una escuela de Administración o conectado en el Messenger.
            Cubrir la sección cultural en el periódico, me regaló días de mucho placer: casi cuatro años de ver innumerables obras de teatro y danza, ir a presentaciones de libros, conciertos de música clásica o rock, hablar con organizadores y artistas, escribir sobre políticas culturales y manejos de presupuesto cultural. Y de pronto todo eso se filtraba de alguna forma en mis poemas, en mi forma de ver el mundo.

XIII
Si no supiera qué es un oboe, pensaría que es:
a) Un cilindro rodando por una calle empinada. ("Aguas con el oboeee!").
b) Un gancho (al hígado), de esos que aplican los luchadores. ("Mascarita Sagrada aplicó un oboe que le dio la victoria").
c) Una parte de esas misteriosas que se encuentran tras la tapa de un cofre de carro ("Uy, seño, se le cayó una banda al oboeeee").
d) Término médico utilizado por los odontólogos para nombrar a la orillita de los dientes ("Hay una hendedura en la parte oboidal de la muela").
e) Una especie de pinza con la que se sacan los hilos atorados en las máquinas de coser. ("Jalé con el oboe curvo la basurita que estaba junto al motor").
f) Constelación más cercana a la Osa Mayor que tiene el brillo de una supernova ("En la noche guíate por Oboe para orientarte").

XIV
Nunca he hallado cómo escribir mi risa real. La magia es también una forma de ver la realidad, y al mismo tiempo una forma como la realidad nos sorprende de repente. Está presente en el mundo y hace que todo exista, pero estamos tan acostumbrados a que sucedan cosas "normales" que ya no vemos.
Siempre hay más de un plano desde el que podemos interpretar lo que pasa. Puedo quedarme con la apariencia de lo que me rodea, pero al fijarme en los detalles, inevitablemente se hacen notables esos hilos que sostienen al mundo, por decirlo así. Si es que hay una forma de decirlo. Sólo lo imaginas y creas esas otras realidades.
En general lo que escribo parte de un sentimiento físico. Cuando siento eso, sé que puedo escribir fluidamente. Es imaginación y vivencias, todo mezclado. A veces son cosas que surgen por asociación o parto de un hecho y le sigo con lo que me hubiera gustado que sucediera. O llevo al extremo los sucesos, o imagino algo que tal vez no sucederá. Veo alguna escena en la calle y quiero saber qué hay detrás. La calle me encanta, hay muchas historias qué traducir. Todo se vuelve otra cosa, por medio del lenguaje. Escribir es en gran parte confiar. No estoy segura si en lo que confiamos es en la propia magia, pero sí es confiar en algo. Por lo menos en el lenguaje y en que algo puede suceder ahí entre el inicio y el fin. Al final resulta más que la suma de  los ingredientes.
           
XV
            Otra vez quiero que pase rápido el “efecto maleta”. Otra vez preparo una. Esta vez es más ligera que la anterior, aunque con más bufandas y ropa calientita por centí­metro cuadrado. Faltan escasas dos horas para estar documentando equipaje y pienso en qué clima, en qué ropa, en qué libro. Ya son las 3 AM y tengo el sí­ndrome ese de la noche anterior a una salida. Esa tristeza/alegrí­a que me da cada vez que meto cosas a una maleta. Son pocos dí­as, pero una distancia considerable. Son pocos dí­as, pero de igual forma es pensar en lo que viene.
            Hacer una maleta es pensar en forward. Qué voy a necesitar, qué va a suceder. Repasar las posibles actividades de los próximos dí­as para ver qué objetos se le relacionan. Que no falte ninguno. Todos bien enrrolladitos y acomodados. El menor peso posible para mi espalda. Todo eso con esa incertidumbre agridulce que me remite a la primera vez que empaqué para un viaje drástico y que sonaba como definitivo: cuando tení­a 5 años. Recuerdo sacar mis juguetes y ropa de mi closet y ponerlo en cajas para que estuvieran listos para cuando la mudanza llegara. Ninguna vez me he mudado así, de ciudad y vida. No geográficamente. Y sí, muchas veces en otros sentidos.             Salir es ver desde otro ángulo, reacomodar. Siempre hay movimientos, hay cambios,  pero cuando salgo es cuando me doy cuenta de ellos. Es una oportunidad para ver más hacia adentro que hacia afuera. Así­, caminando en cualquier ciudad desconocida, me veo y me (re)conozco.
            Hoy mi extraña relación con las maletas me lleva a elegirla con rueditas. Veremos qué sucede, tras una historia de mochilas viajeras en la espalda. El equipaje también muda de casa.

XVI
            El azar es un animal agazapado.

XVII
            Lo mejor de editar en un periódico es ver las fotos que llegan de las agencias de noticias. Encuadres que cientos de fotógrafos hicieron unas horas antes en muchos paí­ses del mundo, en situaciones de todo tipo. Un concurso de belleza, una escena cotidiana de un centro comercial en Kuwait, lo que queda de un cuerpo tras la explosión de una bomba, manifestaciones en las calles de Cuba, personas transitando por las banquetas de Nueva York, una competencia de natación en Francia, un grupo de polí­ticos reunidos. Una señora sosteniendo a su bebé podrí­a estar en cualquier parte; también una sonrisa o un gesto de tristeza o temor.
            Me gusta creer que soy los ojos de estos fotógrafos. Me sorprende que a veces puedan decir tanto en un sólo cuadro. ¿Qué habría pensado esa señora con su sari antes de ponerse los zapatos esta mañana?
            Mis favoritas son las fotos cotidianas, donde se muestran escenas de un dí­a cualquiera en las calles de cualquier ciudad que tal vez nunca conoceré. O que sí­.
Quiero ir a todas partes. “A todas las que me alcancen, por favor”, digo, mientras saco de la bolsa del pantalón el puño de tiempo-vida que tengo y lo pongo sobre el escritorio.

XVIII
            Un día sentí que ya era tiempo de organizar lo que había estado escribiendo después de “El árbol”. Ya habían pasado varios años y muchas cosas desde entonces. Armé lo que se llamó “Amanecer de viaje”. Amanecer como cualquier inicio; el viaje como cualquier proyecto, como la vida. También el nombre haciendo referencia a la sensación de despertar en un lugar desconocido y desconocer por un instante tu vida. Es como hacer en un segundo un recuento de tí mismo, para recordar quién eres y los motivos por los que estás ahí.  Mandé el poemario a una convocatoria y meses después me avisaron que sí lo seleccionaron. Al poco tiempo ya estaba listo y circulando.
            Mi amanecer de viaje surgió sorpresa de piel fresca, sedimentó en letras agrupadas, en portada amarillarosazulviva. Se ha tornado literal. Me viaja la vida y yo como avioncito de dobleces exactos.

XIX
Una mujer me observa

Al final de la sala
una mano sostiene lo que hay adentro.
Ojos firmes lejanos
como sombra sin fondo
se van yendo.
Bajo las butacas
las palabras no dichas
las que se hacen gigantes
las miradas que se clavan en su cuerpo
transparente.

Se muerde la uña del meñique derecho
y yo la observo.
Su anillo brilla desde aquí
y yo la observo.
Porque me recuerda
a una mujer cercana.
A la que sopla sobre esta pluma
a la que observa la orilla de esta sala.

XX
El miércoles, 19 de abril de 2006 escribí esto en mi blog, que entonces estaba a punto de cumplir cuatro años como un diario en línea, en www.patyboo.blogspot.com

No sé desde cuando la palabra escrita es mi más cotidiana compañía.
La mitad de mi día es por escrito. La mitad de mi trabajo. Hablo más por escrito que en persona. Y con más gusto en la mitad de las veces. Mi mente está más conectada con mis manos y mis ojos que con mi garganta. mi corazón también.
Estoy enamorada a través de palabras escritas. Me es más fácil escribir una carta que improvisar un discurso. Comprendo mejor si leo lo que escucho. Puedo aprender una palabra en otro idioma si sé cómo se escribe. Mi mejor remedio contra todos los males son conjuntos de palabras y silencios escritos en hojas o en el aire o en la lluvia, que finalmente es el lenguaje del cielo.
Una palabra es un puente poroso que deja pasar dentro de sí la vida y la transporta a pesar de distancias y tiempos. Es un paso entre dimensiones y es la forma que mejor conozco para no rendirme. el mejor y más misterioso espejo del mundo.
Mi alegría se mide con vocales y mi tristeza es como una diagonal eterna que no separa nada.

Creo en las palabras ciegamente como en la magia
aunque ahora la gente ya no escriba epitafios en las tumbas de sus muertos.

(A veces también el cuerpo es palabra, y entonces todo brilla)


XX
¿Y si todo fuera regresar y regresar eternamente
ser eco hasta dar con la otra orilla
y luego seguir regresando?


Tijuana, B.C., mayo de 2007.

Shameless self promotion/ Presentación de libro @ Cecut


30.7.17

"Arena oscura", de Víctor Soto Ferrel

Al maestro, poeta y amigo Víctor Soto Ferrel, lo conocí los últimos años del siglo pasado (decirlo asi le agrega tiempo aunque sea lo mismo que decir que fue alrededor de 1998-1999) en la Escuela de Humanidades, ahora Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la UABC en Tijuana, donde impartía clases y se encargaba del Cine-Club, que a la fecha sigue coordinando. En ese tiempo, yo era integrante del Taller de Poesía de la UABC, y al revisar los antecedentes de la entonces revista “Hoja de Poesía” pude leer ejemplares anteriores cuando se llamaba “Hojas”, en la que Víctor escribió, como parte de este extinto taller que duró más de 30 años. En ese tiempo conocí el libro Siete poetas jóvenes de Tijuana, editado en 1975, en el que se incluyen textos de Víctor junto a otros de Ruth Vargas Leyva, Luis Cortés Bargalló, Eduardo Hurtado, Alfonso René Gutiérrez, Raúl Rincón Meza y Felipe Almada (también pintor y quien posteriormente se enfocó más en la pintura). Ese libro a la fecha es considerado como un parteaguas en la historia de las letras en la región, ya que representa a esta generación que marcó el camino hacia una nueva literatura en Baja California, una literatura que mantenía lazos con la tradición poética mexicana y en la que se mostraba una mayor consonancia con lo que estaba sucediendo en la poesía contemporánea nacional. La mayor parte de ellos se fue a estudiar a la Ciudad de México (Víctor estudió Medicina en la UNAM y posteriormente la Maestría en Letras Mexicanas en esa misma institución).

Sobre Víctor Soto y su anterior libro, La casa del centro (publicado en 2001, por ICBC), Luis Cortés Bargalló escribió: Es poesía que mira de frente a la realidad, que sabe celebrarla pero que cuestiona, desde el rigor y la plasticidad de la forma, la univocidad del sentido y los sentidos. Los elementos de la realidad cotidiana, aunque son una presencia constante, descarada y basta, más que vivir en estos poemas, pareciera abordarlos sitiarlos, dejar su huella ardiente y emprender la fuga.
A quince años de La casa del centro, se da a conocer Arena oscura, libro ganador en Baja California del Premio Estatal de Literatura en Poesía 2014, como una nueva entrega del trabajo de este poeta que continúa su trabajo silencioso y sin mucho aspaviento, pero constante.

En Arena oscura, Víctor nos muestra momentos cotidianos de tránsito en la ciudad física y emocional. Miradas que son instantes en el deambular de la ciudad, como si de pronto el poeta fuera el transeúnte que observa calles y sucesos, y a veces también tomara el cuerpo de los personajes. Personas sin nombre que podría ser cualquiera de nosotros, vistos desde un momento casual del que transita.
Entre la voz poética y el canto breve aparecen, por ejemplo: un pepenador de barba blanca, un ladrón, meseros, un taxista ebrio, un hombre tirado en la banqueta descalzo, travestis, taqueros que conversan al amanecer, el mar, alguien que ve una salamandra, el cantinero, una dama de cabellos rojos que encuentra una carta sobre la mesa, un jardinero, una mujer que sirve café, un hombre que vende boletos. Ellos, entre muchos personajes más, se revelan en instantes como fotografías de un momento efímero. Fotografías que, reunidas, muestran una especie de crónica poética de la ciudad, construida con instantáneas cotidianas en las que emergen sentimientos, brillos del día y de la noche. Sobre todo de la noche. El silencio del cuerpo cruza la noche, dice Víctor en un verso.

Dentro de este escenario, la ciudad está presente como fondo que emerge personaje repetidamente. La ciudad que se queda sola. La ciudad en la que llueve. La ciudad solitaria tras la lluvia. La ciudad tiempo. La ciudad tránsito. Y nos trae Arena oscura, como un documento que atestigua lo que sucede una capa debajo de la corteza urbana, donde están los caballos de la prisa. Capa accesible solamente con la sensibilidad de quien observa a la luz de la poesía. O de quien pide a las tres de la mañana Amores fingidos a un conjunto norteño en la plaza Santa Cecilia.   :)

En este retrato poético de la ciudad, está también presente su vida nocturna, un perro husmeando sangre seca en la yerba, la violencia, los retenes, policías trasnochados. Al azar voy entre puestos de carne asada, retenes y un discurso sabido de memoria, dice en el poema Trámites.

Dentro de esos instantes, hay también momentos cercanos al haikú, no por la forma sino por la mirada, por el asombro y la emoción a partir de la contemplación. En estos textos, el poeta como testigo, mezclando la contemplación de elementos de la naturaleza y la del entorno cotidiano.

En el poema Orillas:

Sobre hojas negras
tiembla la luna

Entre geranios hechizados
un grillo arrulla el agua

Gritan burbujas refulgentes
con sal restauro heridas

Paredes lavo la estufa
de la orilla donde vivimos

En la mesa deslumbra
una naranja.

Al principio, el título del libro evocaba para mí sólo la referencia genérica. Tuve el privilegio de participar en el proceso editorial del mismo, y en una de las lecturas que hice, me encontré con la frase: Se pierde en la espuma de la tarde la risa de un niño y el canto de los músicos. El mar borra mis huellas en la arena de Playas de Tijuana. Entonces se encendió para mí el título. O por lo menos le di un significado más personal: imágenes de esa playa en Tijuana con la que estoy familiarizada desde la infancia, del instante casi imperceptible en el que al dar el paso en la arena ésta se torna oscura por un momento. Pensé en los momentos de la vida que están ahí presentes de forma constante, pero que por ser tan breves pasan desapercibidos. (Hasta que llega un detonador –poema- a hacerlo notar). No sé si a eso se refiera Víctor, pero yo elegí darle para mí ese significado. Ya nos dirá el autor. O cada lector elegirá su propia interpretación.

En estas lecturas que hice del poemario, brilló para mí un poema titulado Solo tus pasos (p. 36 y 37). No pondré aquí el texto para dejar abierta la posibilidad de que alguien tome la recomendación y llegue al texto con curiosidad. Si eso pasa, que lo disfruten.